"Menores, ¡es hora de volver a las rutinas!"
Menores, ¡es hora de volver a las rutinas!

"Menores, ¡es hora de volver a las rutinas!"

Llevamos meses de vida extraña y todos deseamos recuperar de alguna forma nuestra vida de antes. Y no sólo es que lo deseemos, es que es necesario para nuestra salud mental.

Las rutinas generan un marco tranquilo y estable que nos permite hacer otras cosas. Tenemos mayor control sobre la situación y somos conscientes de ese control, lo que disminuye nuestra incertidumbre, nos relaja y aumenta nuestra eficacia y productividad. Saber lo que tenemos que hacer, libera nuestra memoria consciente para llevar a cabo cualquier otra tarea.

Pero sobre todo, que los menores se acojan a unas rutinas, supone respetar lo que tienen que hacer, por encima de lo que les apetece en ese momento. Y,… éste aspecto es esencial en la formación de un futuro adulto.

Los menores que están acostumbrados a respetar rutinas y límites tienen un desarrollo emocional más sano.

Tras dos meses de confinamiento y un verano con restricciones, tenemos a muchos de nuestros adolescentes con sobre-exposición de pantallas. Ya se han visto todas las series a golpe de atracón, porque cuando empiezan una, pasan de un capítulo a otro y de una temporada a otra sin darse cuenta y van comiéndole horas a la noche. Al fin y al cabo, razonan, poco tienen que hacer al día siguiente. Desayunan casi a la hora de comer, comen menos de lo que debieran y planean una tarde de vida social multitudinaria. ¿Maravilloso?, pues no. Desorden, desorden y más desorden. Porque, aunque ellos sientan que es un buen plan, les hace más daño que beneficio. Los psicólogos ya estamos viendo en nuestras consultas jóvenes que no están motivados por nada,... a pesar de que aparentemente están haciendo lo que más les gusta.

¿Y los más pequeños? Los más pequeños conviven con adultos que los quieren, y que desean educar con calidad, pero tras tantos meses de convivencia sin tregua, éstos adultos están empachados de relación y necesitan espacio para estar en soledad. La recuperación de las rutinas ayuda a volver a generar esos espacios de individualidad.

Hay que recuperar ya los buenos hábitos de vida, los horarios de irse a dormir y los de despertar, la actividad física regular, la alimentación, y todo aquello que da orden a nuestra vida y nos proporciona estabilidad. Y, mantenerlos, independientemente de que las clases se interrumpan dos semanas o nos confinen de nuevo. Ante un posible caos reinante, sólo nos salva agarrarnos bien a las rutinas y mantenerlas.

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