Lo que la pandemia ha cambiado en nosotros
No puedo dejar de pensar

Lo que la pandemia ha cambiado en nosotros

Muchos pueden pensar que esto ya pasó y que todo vuelve a la normalidad. Que fue un periodo terrible pero que ya va quedando atrás y que podemos recuperar la vida que teníamos. Pero, cambios tan drásticos sin previo aviso, no pasan y se olvidan. La gran mayoría de nosotros, de una u otra manera, ha experimentado modificaciones esenciales en su vida o en su perspectiva. Y esto, sería una buena noticia, ya que ante semejante pérdida de estabilidad, lo más natural es hacer algún cambio que perdure: aprender de lo que ha pasado, y de lo que está por pasar.

NO TODOS HEMOS REACCIONADO IGUAL

Algunos se han metido en el confinamiento, como el que llena de aire los pulmones y se dispone a aguantar debajo del agua hasta que le dejen salir. Centrado en el esfuerzo, centrado en aguantar, centrado en todo lo malo que está pasando, centrado en lo que hará cuando salga de aquella situación en la que no quiere estar.

Otros lo han vivido, como los que entran en una cueva que nunca han visitado, con curiosidad sobre lo que van a encontrar y sobre cómo se van a sentir, aceptando que si están dentro se están perdiendo algo que pasa fuera, pero centrados en esa experiencia que la vida les ha puesto delante y en todo lo que les puede aportar.

Otros… se podría hacer una larga lista de descripciones de posibles afrontamientos.

Y, COMO CONSECUENCIA DE CÓMO LO HEMOS VIVIDO, ¿QUÉ HEMOS DESCUBIERTO?

Nos hemos encontrado ante un infinito número de horas de convivencia con las personas con la que vivimos. Sí, esas personas a las que se supone que elegimos para compartir nuestra vida.

Este empacho de interacción ha sido a veces positivo, cuando la ausencia de las mil actividades diarias que antes nos empujaban estresados por la vida, nos han dejado espacio para estar unos con otros, sin prisas, sin estrés, sin “ahora no puedo”. Entonces, hemos podido sentarnos a escuchar al otro, con tiempo, con atención, con interés. Reflexión sobre el sentido del vertiginoso ritmo en el que nos hemos metido. ¡Qué bonito volver a la esencia de compartir momentos con el otro, sin nada más que el otro y tú!. Y, reflexión: ¿para qué hago tantas cosas si me estoy perdiendo lo más interesante?

Otros se han dado cuenta, o han recordado, o han afrontado, todo aquello que no les gustaba del otro, y que llevaban tanto tiempo evitando pensar… y ahora que todo se acaba ¿qué hago con mi vida? ¿dejo que todo siga como estaba?

Y en algunos casos soledad. Sí, esa soledad de las personas que no pueden discutir con nadie y estarían encantadas de hacerlo. Esto se traduce en sobreexposición a nosotros mismos, tiempo para pensar si la vida que llevo es la que quiero. Es interesante descubrir que uno puede estar escondido de uno mismo, sin ser consciente de ello.

Y otros… De nuevo, el listado de posibilidades es infinito. ¿Y tú?, ¿en qué te ha cambiado esta pandemia? ¿has crecido con ella?, ¿te ha cambiado la jerarquía de lo importante?. Piénsalo. Está en nuestras manos el aprender de las situaciones adversas.

Recuerda seguir teniendo conductas de protección, esto no ha pasado todavía.

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