Cómo afectan las emociones en nuestra alimentación
Cómo afectan las emociones en nuestra alimentación

Cómo afectan las emociones en nuestra alimentación

El hambre física aparece poco a poco y desaparece cuando comemos. El hambre emocional la sentimos de repente y sólo se sacia temporalmente tras ingerir alimentos.

No somos conscientes de la enorme influencia que tienen nuestras emociones en nuestros hábitos al comer, pero podemos decir, que la relación que tenemos con la comida refleja, en muchos casos, la relación que tenemos con la vida.

Cualquier situación desagradable provoca que sintamos una emoción incómoda (tensión, estrés, tristeza,…), y el malestar siempre nos empuja a hacer algo para quitárnoslo de encima. A veces no somos conscientes de qué emoción estamos experimentando, pero sabemos que nos sentimos mal.

Comer relaja, algunos alimentos nos relajan más que otros, y, sobre todo, muchos alimentos tienen gran capacidad de cambiar nuestro foco de atención.

Una tableta de chocolate, unas galletas rellenas, un trozo de bizcocho, o una bolsa de patatas fritas… nos llevan temporalmente al disfrute de un sabor intenso y las preocupaciones pasan a segundo plano.

Si hacemos esto con relativa frecuencia, casi sin darnos cuenta, habremos creado de forma inconsciente un hábito perjudicial para nosotros. Cada vez que nos sintamos mal, nuestro cuerpo nos pedirá comida, porque ha aprendido que se siente mejor. Con la repetición, habremos perdido la perspectiva sobre el origen del hábito. Y, con el tiempo, concluiremos que nuestro problema es la comida, “tenía que adelgazar”. Pero, no es el mal hábito el que nos hace sentir mal, ha sido el malestar el que ha generado el hábito.

Comer un paquete de galletas no es un problema, pero comer más de lo que me gustaría a diario, sí es un problema. Pero, entonces, si yo quiero cuidarme, comer sano y sentirme bien con mi cuerpo, ¿por qué diariamente hago lo contrario de lo que quiero? Porque has incorporado hábitos inconscientes en los que no decides tú, deciden tus emociones.

Es importante aprender a escuchar lo que nuestro cuerpo nos dice, a observar sus señales con más detenimiento. Tenemos que hacernos más conscientes de nuestros hábitos, y ver si realmente responden a lo que queremos para nosotros. Cuanto más conscientes nos hacemos de que estamos comiendo, menos incurrimos en la sobreingesta.

Aprende a identificar tus emociones y afrontarlas, no desvíes tu atención.

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